Cambio y fuera

Se despertó un día con la extraña sensación de que el pelo 2587 de su cabeza se había movido de lugar. Sencillamente todo había cambiado, absolutamente todo. No era ni bueno ni malo. Era distinto. Era raro... no, raro no era la palabra. Surreal. Sí, todo era tan surreal...
"Y eché a volar hacia un lugar por descubrir, salí a buscar algo de sol y agua de mar".
Se vio como desde fuera de sí mismo. Su cara era una mueca entre sonrisita boba, grito ahogado y puchero de niño pequeño. Su mano, extendida hacia el costado de la cama, como buscando una tabla a la cual abrazarse y no soltarse nunca. Las paredes, cordilleritas de escombros polvorientos. Los armarios a 5 segundos de la autodestrucción (5 segundos o 5 días, daba igual). Rebaños de ovejas en desbandada y pequeños zorros asomando sus hociquitos entre arbustos de chocolate. Tantos sentimientos galopando entre el cerebro y el hígado. Y una conciencia creciente de que se puede ser tanto (o más) feliz afuera que adentro... ¿feliz era la palabra? Pero si la felicidad completa es una utopía... ¿entonces cómo se había sentido hasta ese momento?
"Estaba alegre y nada más. Eras amable conmigo, pero nuestra casa solo era un salón de recreo".
O sea, que la felicidad es como una casita de muñecas levantada sobre arenas movedizas. Habrá que reforzar los cimientos a diario, se dijo. Déjàvu. A veces no basta con el propósito. Pero sintió que debía levantarse y seguir intentando. Echarse la casa al hombro si era necesario. Aun en esos tiempos cuando el aire se puede cortar con navaja, cuando siente todos los ojos de todas las cosas ensartados en los suyos, cuando los vecinos pegan el grito al cielo en lenguas muertas (o en clave, que es peor). Ya solo le importaba ser completamente honesto consigo mismo. Y estaba seguro de que eso iba a hacerlo feliz... no, seguro no era la palabra. Nunca podría estar seguro al 100% mientras viviera. Pero eso es parte de lo emocionante del cambio: la expectativa, la incertidumbre, la lucha. Sobre todo la lucha. Cerró los ojos y no luchó contracorriente, dejó que todo fluyera de forma natural, y encontró un madero para navegar; no sobre él, sino a su lado.
"Si tú también lo sientes, si a ti también te apetece, no lo pienses, vámonos, ya somos dos".
Y se dio cuenta de que él no era el único que cambiaba...

-intertextos cortesía de Henrik Ibsen, Jarabe de Palo y La Oreja de Van Gogh-
solo faltan 4 días para Torvaldo el Rojo...

3 comentarios:

Thiago dijo...

CAri, cuando te pones a escribir eres sencillamente ¡el mejor! que envidia me das, yo escribiendo mis mamarraxadas mientras tu haces creación literaria....

ay mi pelirrojo!! bEzos.

Thiago dijo...

CAri, hoy en el blog de Luna pedí un flyer para pelirrojos que me dijo que solo tenian pa rubios y pa morenos... Y yo siempre acordándome de ti, jaja pa que veas!

Bezs

Jorge Andrés dijo...

MI pelirrojo, thiago, MI... jajaja