no es una despedida

Tengo que confesar que ando de pocas palabras. Había escrito un post mucho más largo pero con ideas muy similares a lo que escribí hace un año o dos... al final me pareció ilógico repetir, y la verdad no quiero hablar mucho.
En fin. Hoy se queda un 2008 en el camino, y un blog de cabeza se queda con él. Y justo hoy, que pensaba irme sin despedidas y sumirme
en mi depresión hasta lo más profundo, tres niños me dieron una de las lecciones más valiosas que me deja este año que se va. Y eso que al fin de cuentas fue un buen año, con todo y todo.
Es muy triste hacerse viejo y descubrirse de repente solo, temeroso, desconfiado, cargado de un montón de convencionalismos sociales ridículos pero con la imaginación atrofiada; en resumen, viviendo una vida sin sueños. Pero consuela encontrar almas que aún no han perdido la ilusión, la inocencia, la inventiva, la confianza en los otros, la capacidad de sorprenderse a sí mismos, de ver en lo desconocido un reto y no una amenaza, pero sobre todo, la capacidad de jugar. Mil veces escuché que el juego es la base del teatro, pero ahora creo firmemente que es
también la base de la vida. Quizá hasta el secreto de la felicidad, x qué no.
Hoy me voy a la cama y mañana será otro día. Y felizmente puedo decir que me voy sin pronósticos, pero no sin ilusiones. Deseo de corazón que todos (pero en particular esos tres niños, donde quiera que estén esta noche o el resto de su vida) mantengamos siempre viva una ilusión x dentro, y que esa ilusión viva nos haga siempre felices. Que así será, no lo duden.
Y que la vida vuelva a juntarnos, ojalá más pronto que tarde.
(nunca pude escribir posts cortos, qué lástima...)
Un abrazo.