Oficios de una mujer que conoce bien su oficio

Cierro el mes con una grande.
Hoy me llegó este artículo; no sabía que doña Carmen había cumplido 80 ayer, ni que seguía publicando... realmente de quitarse el sombrero!
-quisiera ser tan oficioso como ella
cuando sea grande... a propósito de mi post anterior-

Carmen Naranjo: oficiadora de palabras

Yadira Calvo

Hace unas cuantas semanas, la editorial Osadía publicó la más reciente de las obras de Carmen Naranjo, el poemario "Oficio de oficios", acompañado de un disco compacto en que se alterna la declamación de los textos por parte de Christie van der Laat y los comentarios y acotaciones de la propia autora. Si tomamos en cuenta que su primera obra vio la luz en 1961, y esta última salió del taller de impresión en noviembre de 2007, vemos que suman más de 46 años de ejercer el oficio, y eso en todas las ramas literarias: cuento, novela, poesía, teatro, incluido el "café concert".

A Carmen Naranjo se la considera una de las renovadoras de la narrativa costarricense, campo en que se le reconoce el mérito de haber hecho, en palabras de don Isaac Felipe Azofeifa, "la vivisección de nuestra pequeña burguesía (…) que se autocomplace en su existencia tan chata, de tan bajo vuelo vital". También la Dra. Ruth Budd ve retratada en su obra, con una "honestidad que algunas veces choca, la cruel realidad de la impersonal sociedad costarricense y, por extensión, de cualquier otra sociedad moderna". Carmen declara creer en la literatura comprometida y de denuncia, aunque esto suponga una fama de autora difícil como la suya, y convertirse en un riesgo editorial. No obstante, afirma que el trabajo creativo no se debe dejar "en marcos de oro", sino hacerlo para el país, del cual es patrimonio.

A pesar de esa actitud crítica y vivisectora que se le reconoce, unas y otras personas que la han entrevistado la definen como optimista y creyente en el ser humano. Espigando por aquí y por allá en los textos sobre ella, se encuentran los calificativos de pionera, adelantada, dinámica, segura de sí, inteligente, discreta, de claras opiniones, fuerte y frágil a la vez, desafiante y emblemática. "Sencillez y humildad" es su consigna y, por eso, para ella una novela es "una colcha de croché"; un cuento, "un remiendo infinito"; "una alfombra de lana, un ensayo" y "un largo hilván es un poema"; en síntesis, que el oficio de escribir no es muy distinto del oficio de la aguja y los hilos. Tal vez por lo mismo habla de enfilarse con los débiles, convivir con los hambrientos, librarse de cualquier pompa, amar al prójimo y agradecer la vida. Por algo ha declarado que si pudiera escoger quién ser, sería Carmen Lyra, y no solo por su obra, sino también por vivir como pensaba y ayudar a quienes amó.

Para Carmen, lo femenino de su escritura es todo lo creativo, pero tiene claro que dada la discriminación de género, o como ella diría, "la estúpida lucha del yo soy más y ustedes menos", "la geografía de la mujer dentro de la casa" no es el escritorio y la biblioteca, sino "la cocina y la pila de lavar". No obstante, afirma que su fuerza le viene de todas las heroínas que leyó. Una fuerza sigue con ella no solo en el oficio de vivir, sino sobre todo en el de crear, al que hoy debemos este "Oficio de oficios", 86 poemas que son, en cierta forma, al decir de la autora, una biografía. En realidad, más que eso son el balance de vida de una creadora que a sus 80 años (nació el 30 de enero de 1928), declara haberse enamorado de la palabra. Y haberse desenamorado también porque, dice ella, "hay algo que se va de la mano y se llega a una palabra que resulta en una controversia con una misma". Tal vez porque en última instancia la historia de un texto es una historia de la lucha contra el lenguaje.

A través de esta obra se puede rastrear el ideario de Carmen Naranjo envuelto en frases poéticas en que habla del valor de no engañarse, de la sencillez y la humildad que abren las puertas a la vida armónica, de la tolerancia "que amplía los horizontes" y "acaba con la disputa de predominios", de "cultivar la paz en respeto a la armonía", de "evitar figureos innecesarios y necios", de librarse "de cualquier clase de pompa" que, al fin, "nacimos condecorados con la orden de la muerte".

De este modo, la "sabia hormiga reina" que vio en ella don Isaac Felipe Azofeifa, se autorretrata en esta obra como esa persona de vida sobria que nunca aprendió a preocuparse "por un atuendo elegante" y maquillarse "de mujer fatal", que no capitaliza "letanías de inerte lástima" y no se conforma "sin ejercer la más rotunda rebeldía". Un ejemplo de vida y de creatividad y, sobre todo, una fuerza inspiradora para las que quieren correr los límites de su geografía doméstica desde la pila y la cocina a la biblioteca y el escritorio.


1 comentario:

vantcj1 dijo...

Me parece que eñ artículo habla bastante bien de una mujer que ha roto esquemas en la Costa Rica de clase media (como se cita) espiritualmente mediocre, confinada, egocéntrica, machista, heterocéntrica, cortoplacista...en la sociedad que se ha creído la expresión más acabada de perfección. Me gustó.